Orientación y Navegación

Podemos definir la orientación como la capacidad para conocer el lugar donde nos encontramos y hacia donde queremos desplazarnos. Esto, que en nuestro mundo diario apenas tiene importancia, dado nuestro conocimiento del entorno y las múltiples señales e indicaciones que nos acompañan, adquiere especial relevancia a medida que nos alejamos de la civilización y comenzamos a adentrarnos por parajes cada vez más despoblados.

En efecto, disponer de una buena capacidad de orientación, ya sea por nuestros propios conocimientos o ayudados por los múltiples recursos electrónicos y cartográficos existentes en la actualidad, puede sernos de vital importancia en determinados momentos de nuestras excursiones o travesías.

Todos, alguna vez, hemos tenido la desagradable sorpresa, siguiendo un rutómetro o excursión, de perder el recorrido: el coche que nos precedía nos ha perdido la pista, la casilla del road-book no aparece…

Es en estas circunstancias cuando se valoran realmente los conocimientos necesarios para poder echar mano del GPS, los mapas o la brújula, y salir en pocos minutos de esta situación.

Desde estas páginas vamos a intentar que ampliéis un poco vuestros conocimientos de orientación, navegación y cartografía, haciendo especial hincapié en este último apartado, el de la interpretación cartográfica. Entendemos que es el pilar básico de la navegación terrestre y, a la vez, uno de sus aspectos más desconocidos.

Igualmente, daremos un repaso a sistemas tradicionales de orientación (naturales, por brújula…); profundizaremos en el manejo de los GPS, y comentaremos el uso y funcionamiento de los modernos programas de navegación para utilizar en ordenadores instalados sobre los vehículos.

Terminaremos dando un repaso a algunas nociones de navegación terrestre, sobre todo aquellas que nos pueden ser de más utilidad a la hora de afrontar grandes rutas a bordo de nuestros todo terrenos.

Navegación

Cuando hablamos de navegación, a todos nos viene a la cabeza en primer lugar la idea de un barco desplazándose a través del mar. Instintivamente, tendemos a entender por «Navegación» la «Navegación Marítima».

Efectivamente, esta es una de sus variantes; pero también existe la navegación terrestre, que es, a priori, la que nos interesa para nuestros propósitos.

Si bien es cierto que se pueden establecer algunos paralelismos entre ambos conceptos (terminología común, algunos aparatos electrónicos, coordenadas…) también lo es que son muchas las diferencias entre ellos.         

Así como en la navegación marítima un rumbo, una distancia y una velocidad sirven para predefinir una ruta en la mayoría de los casos, en tierra esto no es así casi nunca. Los accidentes geográficos cobran aquí una importancia mucho mayor, que nos obliga a tener presentes continuamente la información recogida en los mapas.

Para elaborar una ruta sobre tierra, debemos analizar múltiples detalles: curvas de nivel, existencia de ríos, lagos o pantanos, consistencia de los terrenos, ocupación de los mismos, existencia de vallas o zonas de tránsito prohibido, y, sobre todo, vías de comunicación, cuya posibilidad de existencia varía de forma inversamente proporcional a la antigüedad del mapa.

De esta manera, para hacer un recorrido entre dos puntos (que también aquí podríamos definir inicialmente por un rumbo y una distancia) nos vemos obligados, en la práctica, a realizar constantes cambios de rumbo, con el fin de evitar aquellos accidentes geográficos que se interpongan en nuestro camino.

Así, deberemos buscar puentes o vados para los ríos; puertos para cruzar las cadenas montañosas; pistas entre tapias para evitar las propiedades privadas; zonas de arena baja entre los cordones de dunas… y por fin, después de muchos cambios de rumbo, llegaremos a nuestro destino, siempre realizando una distancia mayor a la que el GPS, a priori, nos indica.

Si, por el contrario, optásemos por seguir directamente el rumbo, sin contrastar nuestro recorrido con los mapas, posiblemente nos encontremos con todos estos accidentes en nuestro camino, sin saber cuál es la forma lógica de atravesarlos.

De nuestra capacidad para leer e interpretar la cartografía dependen, pues, las posibilidades de éxito en la navegación terrestre.

Queremos desplazarnos desde el punto A al B. Los instrumentos de navegación nos indican un rumbo de 175 º, y una distancia de 400 metros (en azul); la realidad es otra: aproximadamente 4 kilómetros de recorrido, alternando todos los rumbos posibles, para llegar, salvando los desniveles del terreno a través de carretera y pistas (en verde). Sin el mapa, hubiera sido prácticamente imposible llegarEs muy aconsejable, antes de lanzarnos a la aventura de recorrer lugares desconocidos, entrenar nuestros conocimientos en lugares más o menos habitados; esto nos servirá para acostumbrarnos al uso de los mapas, a saber contrastar su información con el terreno y a interpretarlos; en definitiva, a «leerlos». Una vez que sepamos hacerlo, podremos «ver» el terreno sobre un mapa antes de estar en ese lugar y, de esta manera, llevar decidida la mejor forma de abordarlo.

Vamos a conocer, en primer lugar, el uso de los mapas y su información para, una vez que dominemos este apartado, profundizar en el resto de conceptos que completan la navegación terrestre, de manera que terminemos pudiendo afrontar cualquier travesía por remotos lugares sin sentir en ningún momento la sensación de estar perdidos o, mejor dicho, «desorientados»